Sanderson y la magia

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Hace tiempo que quiero escribir sobre Brandon Sanderson, lo que sea. Es difícil, no por el hecho de que no haya nada para decir, sino porque todo lo que hay para decir ya está dicho. Cientos de blogs que tratan sobre el universo del Cosmere inundan Google, y uno intenta no caer en el conformismo de escribir una simple reseña por el hecho de que, a decir verdad, todas son similares. Pero las ganas están.

Es cierto, hace unos meses escribí una reseña de Escuadrón, pero no creo que sea algo por lo que caracteriza a la obra de Sanderson. Fué más que nada un capricho del momento, ya que la escribí cinco minutos después de haber terminado de leerla.

No voy a escribir sobre ningún libro en particular, en primer lugar como dije anteriormente ya hay muchas reseñas de todo el universo del Cosmere, y en segundo lugar realmente no creo estar totalmente capacitado para realizar un análisis profundo de una saga como Mistborn, The Reckoners, o El Archivo de las Tormentas. Pero sí me gustaría analizar ciertos fragmentos en los que considero que se ve el potencial de Sanderson al 100%.

Ante todo, las reglas.

Brandon Sanderson es reconocido como uno de los escritores de fantasía de mayor crecimiento en esta última década, y entre otras cosas, por elaborar un sistema de magias duro, detallado y con sus propias reglas. Nada queda librado al azar; todo tiene una explicación. La magia trae con sí una clara ventaja para el personaje que la use, pero también conlleva una consecuencia. En el sitio web del autor podemos encontrar escrito por sí mismo las tres leyes de la magia de Sanderson, leyes con las cuales se rige todo el universo del Cosmere.

Una vez que entendemos que cada acción tiene consecuencias (“with great power comes great responsibility”) falta la parte más importante: saber comunicarlo al lector. Podríamos creer que es la parte más difícil, cuanto más magia, más extenso y complejo de comprender. Voy a citar algunos párrafos de Aleación de Ley para analizarlo mejor. No por nada en especial sino porque es la última novela que leí.

-Esas estanterías son muy bonitas -dijo Wayne-. Ojalá tuviera estanterías como esas. Vaya, vaya, vaya. Y… listo.
Waxillium se dio media vuelta. Los tres invitados se habían vuelto a mirar las estanterías, y al hacerlo, Wayne había empezado a quemar bendaleo y lanzó una burbuja de velocidad.

En este caso Brandon nos presentará un tipo de aleación nueva la cual no se había nombrado en la anterior trilogía. (Partimos del punto en que ya sabemos que estamos en un universo mágico y que tanto los poderes alománticos como los usos feruquímicos ya son algo conocido para nosotros, lo que nos ahorra una nueva explicación de cómo funcionan los poderes). Lo que plantea en el párrafo anterior es una distracción, para evitar que los presentes aprecien el acto que viene a continuación:

La burbuja tenía un metro y medio de diámetro, e incluía solo a Wayne y Waxillium, y una vez emplazada, Wayne no podía moverla. Años de familiaridad permitieron a Waxillium discernir el límite de la burbuja, que estaba marcada por una leve ondulación del aire. Para los que estaban dentro de la burbuja, el tiempo fluía mucho más rápidamente que para los de fuera.

Sin mucha vuelta, nos comenta directamente las características de la burbuja y su utilidad. Sabemos su diámetro, como se ve desde fuera y que es lo que no se puede hacer: “Wayne no podía moverla”. No precisamos saber cuanto dura exactamente ni cuán rápido es el tiempo dentro, con saber que para los que están en la burbuja el tiempo es más rápido ya tenemos suficiente información. Luego, a medida que se va desarrollando la conversación y con la pequeña distracción para que no vean el efecto de la burbuja ya nos imaginamos la escena. En mi opinión la conversación dentro de la burbuja tomaría entre 5 y 10 segundos de la realidad (dependiendo el tamaño de las estanterías).

Estas burbujas podían ser muy útiles, aunque no del modo que esperaba la mayoría de la gente. No podías salir de ellas; bueno, si podías, pero algo en la barrera interfería con los objetos que la atravesaban. Si le disparabas a una burbuja de velocidad, la bala se frenaba en cuanto alcanzaba el tiempo ordinario y se movía erráticamente hasta desviarse de su curso. Eso hacía casi imposible disparar dentro de una.

Por último tenemos las consecuencias. Buenas o malas, siempre hay consecuencias. No es posible salir de la burbuja, posiblemente no puedas ni moverte dentro de ella. Recordemos que no es una capa de invisibilidad, es transparente y se ve a través de ella, y en cuanto a los objetos que entran o salen pierden su trayectoria una vez traspasan el límite de la misma. No sabemos a ciencia cierta la física detrás de las burbujas de velocidad, pero sin duda que alterar el espacio-tiempo de esta manera sería algo sumamente curioso de investigar. Einstein estaría orgulloso.

A partir de acá ya tenemos toda la información necesaria para comprender los múltiples usos de las burbujas de velocidad, los cuáles se van a ir descubriendo a medida que transcurre la historia. De esta manera Sanderson logra que el sistema de magia no solo sea entretenido para el lector, el cual siente que entiende lo que está pasando y que no son sucesos al azar, sino que para el escritor tener una guía de pautas sobre cómo funciona el sistema ayuda a disipar la tentación de resolver cualquier tipo de problemas con magia. Así como no entendemos completamente los poderes de Gandalf, si entendemos casi al cien por ciento los usos de la magia dentro de las obras de Sanderson.

-Wayne…
-Se están volviendo
Wayne dejó el cartucho sobre la bandeja.
-Pero…
-Hora de toser. Tres. Dos. Uno.

Fragmentos extraídos de Nacidos de la Bruma IV: Aleación de Ley.

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